La magia del Camino de Santiago

 

La historia inmortal del camino se ha ido construyendo a lo largo de los tiempos, pero su origen, a pesar de las creencias populares, no comienza con en el descubrimiento  del sepulcro de Santiago en Compostela, sino que su leyenda, se remonta siglos antes de la llegada de  Jesús y de la comunidad cristiana, tiempos remotos dónde la ruta era conocida como El Camino de las Estrellas.

El camino de Santiago, concretamente el francés, pudo coincidir por tanto con un antiguo camino esotérico, una ruta celtibera mágica denominada Camino de las Estrellas o Camino de la Oca,  un mapa escrito en cielo que nos guiaba en la noche de manera infalible hacia el “Finis Terrae”, para los antiguos Finisterre, el último rincón occidental del mundo y el lugar dónde comenzaba el país de los muertos.

Así mismo,  la ruta reproduce en su recorrido una pequeña parte visible del brazo de la Vía Láctea, usada por antiguos y peregrinos para guiarse en su camino, y  coincide perfectamente con el paralelo terrestre 42º N.

El paralelo 42 Norte  aparte de ser uno de los círculos imaginarios perpendiculares al eje de la tierra, es considerado desde la antigüedad  como uno de los paralelos más energéticos del globo terráqueo,  aunando  enclaves religiosos de importante relevancia como Santiago de Compostela,  su camino Francés, la región de Roma, el desierto de Gobi, o los montes de Hélade entre otros, dónde según los tibetanos se haya el reino subterráneo de  Agartha y la ciudad de Shambala.  Es cierto que algunos investigadores incluyen en este paraleo el Monte Ararat,  pero  éste, aunque próximo, se encuentra desplazado unos 330 km.

Teniendo en cuenta que  las distancia entre los paralelos terrestres es de 111 km,  permanecer en la misma estela del  P-42 para  un trayecto como el nuestro de  116 km  (Sarria a Compostela) era fácil.  Sin embargo si lo analizamos para el recorrirido de 888 km desde Roncesvalles  a Finisterre  la coincidencia ya puede dejar de ser casual.

Roncesvalles 43°01′00″N; Sarria 42°46′53″N; Portomarín  42°48′24″N; Palas de Rey 42°52′29″N; Arzúa 42°56′00″N; Santiago de Compostela 42°52′50″N; Fisterra 42°54′18″N

Estas primeras rutas ancestrales  tuvieron ritos y costrumbres que con el paso del tiempo y  a raíz de las  primeras peregrinaciones cristianas a Compostela  algunas fueron incorporándose al Camino.  Tradiciones como  el simbolismo de la concha, la purificación del alma, las estrellasla pata de oca, el perro, o la loba entre otros,  se dice que pasaron a formar parte de la tradición actual al no poder ser acalladas del arraigo de la ruta.

No obstante fuese como fuera, Planeta Incógnito sólo quiso descubrir en primera persona el secreto mágico camino.

Madrid 21:30 horas 

El Camino comenzó antes de lo esperado, todavía no habíamos tomado el tren que nos llevaría a nuestro inicio en Sarria, cuando entre la multitud de peregrinos que descendíamos al andén, surgió el brazo de un inesperado personaje, y tras él, una pregunta; sinceramente, nuestra intención no fue nunca la conocer gente tan pronto, pero el destino, a veces caprichoso, quiso que aquel encuentro no fuese casual y que el inicio de una simple pregunta, fuese el comienzo de una bonita amistad.

Aquel joven jocoso y ocurrente cartaginés  viajaba sólo, y a pesar que nunca nos comentó con exactitud cuál era la motivación de su viaje, su ruta, se convirtió  en un periodo de disidencia de su activa e intensa vida en el que reflexionar sobre sus sentimientos y sobre su futuro. A diferencia de muchos peregrinos sentía una necesidad de relacionarse constantemente con los demás,  y de hacer de la amistad una  búsqueda incansable.

Ya en el tren  ocupamos nuestras butacas,  enfrente mía dos hermanas, junto a la ventana la más joven y tímida trataba de pasar inadvertida ocultándose  tras su coraza de miedos y sueños adolescentes, su mirada era tierna, y su sonrisa huidiza. A su lado y en el pasillo, la mayor, a pesar de su gesto serio y equilibrado, proyectaba una especial y fascinante  personalidad soñadora e idealista, singularidad  que la convertían es un espíritu libre, aunque  inconscientemente continuaba ejerciendo una sobreprotección axiomática sobre su hermana.

Quiso el  sino que nuestras hermanas acabasen en esas butacas sin realmente ser las suyas, un error en los billetes que habían comprado y la solución que las ofrecieron, dieron con ellas al lado nuestro. Muchos lo llamarán casualidad, yo prefiero llamarlo destino.

Mi  primo se sentó junto a una pareja de novios que también se disponían a realizar el camino, y junto a una joven que se pasó la mayoría del trayecto durmiendo. Más atrás, estaba  nuestro amigo cartaginés, junto a dos peregrinos valencianos.

El trayecto en tren duró más de lo habitual, una avería en la máquina nos  mantuvo bloqueados en mitad de la noche durante más de 2 horas, un preludio simbólico y de adaptación a la nueva experiencia que íbamos a iniciar. Allí, abandonamos  las prisas por llegar, el tiempo,  olvidamos el ayer y el mañana,  aprendimos a reír, a sentir la paz,  a percibir  que la ciudad quedaba lejos, y con ella las dudas, los temores y hasta los recuerdos, nos embriago simplemente  la  armonía de lo simple y del equilibrio.

Se dice, que cuando el peregrino emprende el camino y empieza a descubrir  su mundo interior,  comienza a vislumbrar la magia de la ruta y a disfrutar del sentido espiritual de la vida. Aprende  a sentir y vivir sin querer entender la vida.

Tal y como define Juan Eduardo Cirlot, desde el punto de vista espiritual el viaje, no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio, que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo. Por ello, el Camino de Santiago  es considerado ruta iniciática de evolución y purificación.

El camino, está lleno de señales  tangibles  y espirituales, para las primeras tan sólo se necesita ser  un poco observador y quizas conocer un poco de su historia:

Las flechas amarillas sobre calzadas, paredes o árboles,  marcan la dirección que debes seguir y que jamás debes abandonar, aunque en muchos casos, el salirse de la ruta y tomar otra alternativa puede conllevar el descubrimiento de un conocimiento superior. Simbólicamente representan la dirección espiritual del alma. 

Los cruceiros, cruces de piedra que jalonan atrios de santuarios y encrucijadas del camino, son lugares de incertidumbre y rituales,  y por antonomasia lugar sagrado de la ruta. Según algunas creencias servían para bendecir los caminos y para acometer en ellos  ritos de sanación y purificación del cuerpo. Algunos mitos vinculados a La Santa Compaña nos relataban su capacidad sacrosanta, y como esta procesión de muertos no tiene poder de capturar el alma del mortal o peregrino si éste se halla en sus peldaños.

Consecuentemente la cruz establece la relación primaria entre el mundo terrestre y celeste.

Las Cruces de Santiago son las cruces defensivas de los caminos, antiguamente los portadores de este símbolo eran miembros de la Orden de Santiago, encargados de proteger  la fe y luchar contra la invasión musulmana, por ello, la leyenda le atribuyó la defensa del Camino de Santiago  y la de sus peregrinos, aunque existan serias dudas de este cometido.

Esta orden de carácter religioso militar tiene su origen en los Fratres, fundación castrense para la defensa de  la ciudad de Cáceres de la incursión árabe;  posteriormente y tras diversas campañas contra la horda islámica, la congregación se convierte en orden religiosa adoptando el  nombre de Orden de Santiago.

Actualmente su enseña nos revela el espíritu protector y humanitario que cada uno de nosotros lleva dentro.

Otro símbolo  representativo del camino son las Vieiras o Conchas, éstas, indican que te  hayas inmerso en el camino santo. Antiguamente se esculpida en monumentos, iglesias y aceras, pero en la actualidad, el talle, está dejando paso a las señales azules de trafico con su imagen. Muchos son los posibles significados de la concha o pata palmeada de oca, pero todos ellos, relacionados entre sí. Desde la antigüedad siempre constituyó un símbolo sexual como encarnación de lo femenino, al dios indio Vishnú se le representa con una concha como símbolo del océano y primer hálito de vida, y a  la diosa Venus, en su nacimiento se la representa en una concha, convirtiéndose en un atributo de la diosa al aunar el símbolo sexual con la procreación y fertilidad.

Igualmente, para culturas primitivas representaba el  final del viaje, quizás algo tenga que ver  con el “Finis Terrae” de la antigüedad, el nacimiento físico e interior, y la regeneración de la persona; en el budismo chino, la concha es uno de los 8 emblemas de la buena suerte, también relacionado al viaje próspero.

Sin embargo, el simbolismo cristiano relativizó estas atribuciones y las traslado a la idea de la muerte y resurrección, justo hasta el comienzo de los peregrinajes a Compostela que diversificaron su significado. Hoy día, su simbolismo es amplio, representación de las buenas obras a preservar,  talismán de fe, enseña participativa de la ruta santa,  o simplemente atributo de austeridad y humildad  del apóstol.

Aunque sin duda, unas de las señales más vivas, son los Mojones de piedra que indican el kilometro aproximado en el que te encuentras, por una parte, nos proporcionan un soplo de fuerza para seguir avanzando, ya que a su paso nuestro camino se acorta, y por otra, nos prestan una interrelación con otros caminantes, al depositarse sobre ellos, amuletos personales, mensajes, promesas, y la simbólica contribución de piedrecitas, como tradición a la costumbre de  los primeros peregrinos que ayudaban a la construcción de la Catedral transportando una piedra caliza desde Triacastela hasta Arzúa.

Pero como decíamos antes, también existen señales espirituales, manifestaciones que constituyen la autentica  esencia del camino y que por sí solas y fuera del entorno de él  no le daríamos la más  mínima importancia, pero que inmersos en ese camino se convierten en verdaderas revelaciones.

En el camino no importa quién eres, que haces o a qué te dedicas,  el nombre es secundario, tu profesión intrascendental, tu pasado no existe y el futuro no interesa.  En el camino, sólo existe el peregrino.

Por fin llegamos a Sarria, los lazos que se habían establecido durante  la noche, se liberaron  al descender del tren y cada cual comenzó su camino; nuestro joven amigo Lauren, el cartaginés de madurez prematura  partió en busca de la credenciales para obtener los ansiados sellos de ruta, la pareja de novios, se desvaneció en sus calles, y las hermanas, después de coincidir con ellas en el desayuno fueron alejándose sutilmente detrás nuestra.

A lo largo del camino nos encontramos con mucha gente, peregrinos de todo tipo y de todas las nacionalidades, unos iban en bici, otros andando, los que más, cargaban mochilas como nosotros, otros, iban sin ellas, también  nos los encontramos descansando y tumbados en las verdes praderas. Los había que viajaban solos, en pareja y en grupo, que callaban y hablaban, que reían y cantaban, conocimos niños y ancianos, anduvimos con padres e hijos, y casi siempre, se escuchaba lo mismo, ¡Buen Camino!, ¡Buen Camino!.

Sí, ese es el saludo del peregrino, ¡Buen Camino!, aunque no siempre fue así, en el pasado se utilizaron otras cortesías como ¡Ultreia!, o  ¡Ultreia, e suseia! que aproximadamente vienen a significar ¡Más allá! y ¡más allá y más alto!

Según caminas, te das cuenta que allí,  no se necesita mucho para vivir, que con poco es suficiente, y que con suficiente, puedes ser feliz. En tu peregrinar, también constatas que  el camino está repleto de gente dispuesta a ayudarte y a compartir lo poco que  se tiene, el agua, una tirita, el peso de la mochila, la comida, un impermeable, o simplemente una sonrisa.

En uno de nuestros descansos para sanear pies y reponer fuerzas nos alcanzó Lauren,  venia compartiendo camino con el padre y la hija del tren, pero al vernos los abandonó súbitamente, y se acercó a nosotros. En aquel instante supimos mi primo y yo, que ya no seriamos dos en el camino sino tres.

Llegamos a Portomarin cansados, pero satisfechos de nuestra primera etapa y de nuestros primeros 23 km; sentados en una terraza aún sin ducharnos, comprendimos, que el camino es como la propia vida, maravillosa y tortuosa al mismo tiempo, y tal como te enfrentas a él te enfrentas a la propia vida. Las montañas y subidas representaban los momentos de dificultad, los dolores las enfermedades, y la felicidad, los valles y descansos. El camino te hace conocerte a fondo, reflexionar sobre la propia vida y la muerte, te hace darte cuenta de las pequeñas cosas que nos perdemos todos los días, incluso,  nos hace experimentar la realidad de la simplicidad adentrandonos en la verdadera belleza de bosques y ríos, de  llanuras y montañas, de aldeas y  lugareños,

Con la imagen a escasos metros de la iglesia de San Nicolás, comenzamos a acordarnos de las personas verdaderamente importantes para cada uno de nosotros, mi primo, se acordó de su pareja, de sus padres, de sus hermanos y de sus sobrinos; yo, de mi mujer,  de mi madre y hermanos, en especial la de Héctor que no pudo finalmente acompañarnos en el camino, también de mi padre y de un amigo fallecido, de mis cuñadas y cuñados, de mi  suegra y de  todos aquellos por los que sientes algo más especial que por los demás. Cerramos los ojos, y nos sentimos felices.

En esta ocasión, no me acordé de mi primo Carlos por qué se encontraba allí, junto a mí, pero de no haberlo estado, sin duda, sería otra de las personas que hubiese recordado.

Al día siguiente no reconocíamos nuestros cuerpos, las agujetas y dolores que casi nos habían hecho permanecer acostados al despertar y abandonar el camino, comenzaron a activarse al iniciar los primeros metros de los 25 km que nos separaban de Palas de Rei. El recorrido lo iniciamos solos, nuestro compañero se había quedado dormido, y en lugar de esperarle, decidimos pasados unos minutos que el camino decidiese nuestros destinos, alejándonos o reencontrándonos de él, según fuese nuestro sino.

Muy pronto nos encontramos  con las dos hermanas del tren, Laura y Rocio, sinceramente nunca pensamos que lo conseguirían, pero allí estaban, preparándose para iniciar la nueva etapa a la salida de su albergue.  Junto a ellas comenzamos el  camino,  sabiendo,  que si hubiésemos salido unos minutos antes, tal y como teníamos previsto  de no ser por la narcolepsia de Lauren, casi con total seguridad no las habríamos vuelto a ver. Luego quiso el destino que nuestro compañero nos diera alcance durante el  transcurso del recorrido.

Nuestro objetivo inicial era llegar a Compostela en el menor tiempo posible, en cuatro jornadas, por ello pensábamos que el caminar sin compañía sería lo adecuado, ¡qué equivocados estábamos!,  esto sólo nos haría llegar más rápido no más lejos, ya que a pesar que el camino debe hacerse desde la soledad de cada uno también debe hacerse en compañía de todo el mundo.

Durante esta etapa nuestro paso fue más lento, algunos de nuestros compañeros de camino pasaron sus primeras dificultades, y sin saber el porqué en esta ocasión no decidimos abandonarlos. Rocio estaba tocada con un esquince, pero su voluntad y terquedad  la hicieron continuar no sin pocos problemas y variabilidades en el recorrido, y nuestro querido Lauren que sufrió su primera pájara, y a pesar que en ocasiones le perdíamos a nuestras espaldas siempre estábamos pendientes por si no lograba superarlo.

El final de etapa fue extenuante, la joven hermana  no podía más, por lo que decidimos llevar su mochila y liberarla del yugo del peso los últimos kilómetros, y Lauren ya muy agotado, se había convertido en un ente silencioso que se arrastraba voluntariosamente por el camino. Por contra, Laura, mi primo Carlos y yo  permanecíamos enteros pero cansados, aunque a medida que divisábamos el pueblo menguaba nuestro agotamiento  y se vigorizaban nuestros debilitados músculos.

Una vez en el pueblo  y tras sellar las credenciales en la parroquia del Santísimo Tirso de Palas de Rei, nos despedimos, no sin antes  dejar  abierta la posibilidad de cenar todos juntos si el camino así lo decidía.

Nuevamente sentados mí primo y yo en una terraza y como ritual del fin de etapa, comenzamos a divagar sobre nuestra experiencia del día, ¡el camino es silencio!, ¡el camino es reflexión!, ¡el camino es alegría y participación!.  Está claro que unas y otras consideraciones son ciertas, pero a nuestro entender el  camino es una constante fuente de comunicación  pasiva y  activa que nos relaciona  y estimula  emocional o espiritualmente.

El azar y la causalidad del camino quiso que aquella noche se convirtiese en la más mágica de todas, al grupo, se sumo Elena e Isabel, dos  compañeras de Lauren en el albergue y a las que en algunas ocasiones habíamos visto y saludado por el camino. Después de una magnifica y maravillosa cena todos juntos, donde el pulpo y la empanada se convirtieron en los reyes de la mesa, comenzó en un pub  próximo y ya sumidos en la festividad de Santiago, una tertulia quizás inigualable.

En torno a una copa establecimos los motivos por los que habíamos iniciado el camino, Elena e Isabel buscaban la fuerzas telúricas de la ruta, me parecieron de aquellas personas que recorren el mundo buscando los lugares donde estas fuerzas pueden estar presentes sin establecer un nexo de unión entre la religión y su magia, es decir, para ellas, la propia naturaleza es la que proyecta en el camino la potencia suficiente como para que la espiritualidad florezca por sí misma.

Nos hablaron de las Constelaciones familiares, que se basan en el reconocimiento de que las personas y los familiares están relacionados y se rigen por leyes y patrones innatos, obligaciones inconscientes que se van trasmitiendo de generación a generación, es decir estas constelaciones son es sí, las conexiones que cada uno de nosotros tenemos con nuestra familia o personas afectivamente significativas en una o varias generaciones.

Se parte de la premisa que lo que una generación familiar deja sin resolver, la siguiente tratará de solventarlo inconscientemente, permaneciendo atrapados pasivamente en asuntos que no son de su responsabilidad, ya que desde que se nace, cada uno de nosotros forma parte de una red familiar, con una conciencia común que nos une a todos.

Estos asuntos instintivos pueden manifestarse en la persona afectada a través de trastornos psíquicos o enfermedades físicas, dificultad de relación, comportamientos conflictivos o incapacidad para desarrollar actividades profesionales satisfactorias.

Las constelaciones familiares serían pues la técnica  terapéutica o facilitadora para esclarecer el hecho que provoca el trastorno y así poder curar o sanar las heridas psicológicas provocadas por la dependencia familiar.

Últimamente y teorizando más en el campo de las constelaciones familiares se está introduciendo la variable de vidas pasadas como trasmisión de hechos en una misma persona.

Fascinante, ¿verdad?

Pues bien, quedaba claro a estas alturas que el grupo no se formó casualmente, y más cuando  Laura otra de las peregrinas manifestó conocer estas técnicas y estar interesada mucho en ellas.  ¿Constelaciones familiares bajo el camino de las estrellas en el amanecer del día de Santiago?, ¿Alguién puede dar más?.

De todas formas cada peregrino encuentra un motivo diferente para emprender el camino. En general los creyentes lo inician bajo la bandera del culto religioso, la penitencia o la promesa; los místicos en busca de valores humanos perdidos, o de fuerzas telúricas,  los amantes del deporte o de la aventura como reto personal, el excursionista como alterativa de turismo rural activo encaminado a recorrer paisajes, adentrarse en el arte e historia o simplemente establecer relaciones interpersonales, y los estresados para alejar de sí el sentimiento de vacío que le produce la cotidianidad de sus vidas.

Laura tenía devoción por la aventura y la mística, pero buscaba su camino sin querer hablar de su pasado. Quería normalizar sus sentimientos, y enterrar una etapa de su vida, quería hallar valores perdidos, y encontrar el sentido de sus creencias, quería  volver a reencontrase y desconectarse del mundo, quería simplemente experimentarla serenidad de la paz junto a su compañera de viaje, a la cual adoraba, aunque sentía, que en los últimos años  no la había  prestado la atención que merecía.

Por el contrario su hermana Rocio estaba impulsada por un reto personal laico religioso y por compartir junto a su hermana una experiencia que no siempre tuvo en mente. Deseaba  demostrar que era independiente, que era capaz de alcanzar y concluir  retos más allá de la complejidad de éstos, y de abandonar su reciente infancia para  convertirse en toda una mujer.  Creo que  anhelaba volver a sonreír sin complejos y abiertamente, ansiaba querer sin más.

Es complejo definir sin más la magia del camino, unos hablan de energía positiva o de fuerzas telúricas, otros de gracia de Dios, o simplemente espiritualidad. Sea como fuera, lo realmente indudable es que el camino ejerce un alto poder de atracción, y a lo largo de su recorrido nos conduce  por enclaves energéticos que propician el reencuentro con nuestras esencias y raíces naturales, dónde el servilismo y las falsas apariencias de la vida cotidiana, desaparecen por unos días para reencontrarnos con el verdadero origen de la persona y sus valores fundamentales, principios que  como la solidaridad, ayuda, amistad, respeto, y saber compartir,  nunca debimos perder.

Para casi todos nosotros el camino concluía en Compostela, franqueando la catedral  y visitando el sepulcro del apóstol,  pero para Lauren, la ruta se extendía hasta Finisterre, o como decían los antiguos hasta el final del mundo. Este recorrido de carácter más  exotérico que religioso es el llamado Epílogo final,  y se transita  para  contemplar al igual que los pueblos romanos y celtas el ocaso del día y la puesta de sol en la inmensidad del océano,  quemando sus ropas y arrojando las cenizas al mar en señal de purificación y de regeneración de la persona.

Pero para la gran mayoría de los peregrinos el camino finaliza ante el sepulcro de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Jesús y supuestamente el que tuvo el cometido de evangelizar España. A pesar que no existe suficiente documentación que revele su historia, y que muchos investigadores atestiguan que jamás piso nuestro país, su mito  se reconstruye a través de varios textos canónicos; así la leyenda nos cuenta que tras su evangelización por España y después de morir decapitado en el 44 d.c. por orden de Herodes, sus discípulos transportaron su cadáver  a las costas de Galicia para respetar la tradición de ser enterrado en la tierra donde predicaba, una vez en tierra firme y tras la decisión del lugar de enterramiento se logró soterrar  el sepulcro en el bosque Libredón, junto  a una pequeña ermita en la que habitaron  hasta el resto de su vidas

769 años después, en el 813 se descubre el sepulcro y con él las supuestas reliquias del apóstol  por parte de  Pelayo, un ermitaño que según cuenta la leyenda fue guiado hasta la capilla por una o varias estrellas.

Tras su descubrimiento, el obispo Teodomiro  reconoció la tumba con las reliquias y las dio por auténticas, no sin antes obtener el beneplácito de Carlomagno, emperador de occidente  al cual el apóstol Santiago ya se le apareció en sueños para instruirle  en el camino de estrellas que debía seguir para llegar a tu tumba y liberarla de los musulmanes.

Algunas leyendas conceden el descubrimiento de las reliquias directamente a Carlomagno en detrimento del ermitaño, pero sin embargo no es probable ya que éste murió en el 814 en Aquisgrán (Alemania)

Con su descubrimiento, el lugar hallado se convirtió en un centro de peregrinaje a partir del cual surge la ciudad de Compostela, lugar sitio y alto” si se traduce de la lengua celta,cementeriosi lo hacemos del latín, o “Campo de la Estrella”, si se traduce de la visión de Pelayo. Sea cual fuera la interpretación, Compostela está cargada de un fuerte simbolismo y misterio.

Con el paso de los siglos las rutas y caminos que llegaban al sepulcro desde España y Francia  fueron descritos en 1139 en una guía medieval  por el clérigo francés Aymeric Picaud en el  Liber Sancti Iacobi,  más conocido por todos como El Códice Calixtino.

Serían las 7 de la mañana cuando iniciamos la tercera jornada de 29 km con destino a Arzúa. A estas alturas, nuestros cuerpos  resentidos ya estaban adaptados al camino, aunque mi tobillo, cada vez más maltrecho, daba signos de no aguantar más. Pese a ello,  la ilusión de ponernos a una jornada de Compostela nos hizo empezar con determinación.

Tras desayunar, emprendimos el camino junto a los compañeros con los que habíamos cenado y teorizado la noche anterior, aunque  nuestra voluntad de llegar lo antes posible y la dificultad de Rocio para andar a un ritmo mayor, nos llevó a no permanecer con ellas más de 15 minutos, y así abordar,  mi primo, Lauren y yo, el camino en solitario.

Pronto, los tres, nos encontrábamos recorriendo senderos de eucaliptos y robles, las constantes subidas y bajadas iban debilitando los cuerpos, y algunas ampollas comenzaba a brotar en nuestras plantas. A mitad de jornada, decidimos almorzar en Melide, nuestro compañero insistió en acudir a la pulpería Ezaquiel, donde podríamos saborear el mejor pulpo a la feira de toda Galicia, por lo que allí nos dirigimos. Reventados por la primera parte de la etapa nos dejamos caer en las largas mesas del local,  dos raciones de pulpo, una ración de gambones, un macro bocadillo de mortadela con aceitunas que se le antojo a mi primo y nueve aquarius, conformaron nuestro menú de peregrino.

Con el estómago más que saciado, decidimos proseguir la etapa, instante  en el que tras  toparnos con Elena e Isabel,  nos anunciaron que las hermanas habían decidido abandonar el camino, el dolor insoportable del tobillo de la más joven y su posible lesión, fueron motivos suficiente como para finalizar su ruta a pie. Ellas, se quedaron descansado en Melide, nosotros proseguimos camino.

En la misma medida que consumíamos kilómetros consumíamos también nuestra fuerza y nuestra vitalidad y por consiguiente nuestra motivación; sabíamos que no importaba hasta dónde llegásemos, sino como éramos, y qué nos había aportado el camino a cada uno, pero a pesar de ello, no queríamos salir  derrotados, y es justo en ese preciso momento al borde del abismo del desanimo,  cuando surge la magia del camino  para insuflarte un nuevo impulso con el que terminar.

A unos 8 kilómetros del final, cuando el cansancio era extremo y el dolor de mi tobillo hizo plantearme el abandono, nos encontramos, por última vez, con el grupo de monitores y jóvenes sudamericanos con los que manteníamos una sana pugna  de retoricas y requiebros verbales cada vez que cruzábamos. Ellos realizaban el camino sin mochilas y su organización les proporcionaba zonas de avituallamiento y descanso cada cierta distancia, en esta ocasión  y tras pasar junto a ellos, los monitores quizás al apreciar nuestra lasitud nos ofrecieron compartir  reposo y sustento con ellos.

Nos aconsejaron desprendernos de nuestro calzado y relajar nuestros pies dentro de la helada agua del río, mientras nos repartían bocadillos de jamón y rajas de sandía.

Nunca dejaremos de estarles agradecidos, aquel descanso y su solidaridad al compartir con nosotros lo que tenían, supuso un extra de ánimo que nos catapultó  sin apenas darnos  cuenta, hasta cerca del final de la etapa,  justo hasta el momento  en que nuevamente y a falta de apenas 3 km, el desaliento y extenuación nos desplomó al borde de la meta.

Nos sentamos abatidos en el suelo, intentando debatir a falta de tampoco que decisión tomábamos, seguir caminando o solicitar ayuda, Carlos, todavía estaba en disposición de proseguir, pero Lauren y yo estábamos literalmente reventados,  mi tobillo no quería continuar y mi aductor tampoco, pero cuando la decisión del taxi deambulaba por nuestro pensamientos, percibimos la voz celestial de dos jóvenes que cantando se aproximaban hacia nosotros. Al llegar a nuestra altura, no podíamos dar crédito, eran nuestras amigas peregrinas Elena e Isabel, el destino nuevamente se aliaba con el camino para no dejarnos solos. Nuestras amigas podían haber continuado sin nosotros, pero permanecieron a nuestro lado alentandonos hasta que decidimos continuar recorrido con ellas.

Gracias a ellas anduvimos la distancia que nos faltaba sin apenas darnos cuenta, su apoyo, sus juegos de palabras y las canciones que entonamos en el recorrido nos permitieron completar la etapa.

Nuestra última jornada se solía hacer en dos,  eso era lo prudente y lógico,  pero estábamos convencidos que nuestra forma física nos permitiría hacer los 39 últimos km  en una única y maratoniana etapa. Era poner al límite final a nuestros cuerpos y a nuestra fe.

Por la mañana peregrinamos con el padre y la hija de valencia, aunque pronto les tuvimos que abandonar ya que su ritmo al hacer la mitad de kilómetros que notros era mucho más sosegado. Fue la última vez que les vimos.

Todos los dolores de jornadas anteriores habían quedado oscurecidos por la fortaleza que nos infundía  saber que en ese día llegaríamos a Santiago.

Hasta Pedrouzo todo se hizo fácil, pero las empinadas rampas de Labacolla  nos debilitaron en   demasía, y  nos hizo afrontar  la subida al Monte  do Gozo en solitario y batallando psicológicamente contra nuestro cuerpo y mente. Tras  coronar la eterna rampa, nos volvimos a reencontrar para iniciar la bajada final y la entrada urbana  a Compostela.

La subida al Monte do Gozo es un tramo feo y triste, su camino transcurre por un asfalto vetusto y tedioso que nos devuelve a la realidad al comprobar que la austeridad del camino ya la hemos dejado atrás. El topónimo con el que se conoce a este lugar se deriva de la satisfacción y goce que producía y sigue originando  a los peregrinos la visión  por primera vez  de Compostela y su Catedral.

Según mirábamos atrás, descubrimos que cada uno de nosotros ya éramos parte del camino y que cualquier pequeño encuentro que se producía en él,  se convertiría  en un momento especial que quedaría grabado para siempre en el corazón de cada peregrino.

El tramo urbano se convierte en un recorrido de eterna felicidad  y agradecimiento por haber concluido la peregrinación, un tramo dónde los dolores desaparecen y se engrandece el alma a cada paso. Frente a la fachada barroca de la Azabacheria, nos paramos, cerramos el puño en señal de victoria y nos abrazamos, ya sólo quedaba atravesar un túnel para acceder a la plaza del Obradoiro y disfrutar de la catedral de Compostela.

Allí en Compostela nuestras dos hermanas tuvieron el bonito detalle de recibirnos  para darnos la bienvenida.

Al atardecer, y una vez recogidas nuestras Compostelas,  mi primo y yo abandonamos Santiago  bajo la mirada eterna de algunos de nuestros amigos y el abrigo de la magia del camino

Un comienzo no desaparece nunca, ni tan siquiera con el final

Y hasta que volvamos a vernos…

¡Buen Camino!

Actualización Octubre

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Ivan Montoya

Ivan Montoya

Codirector y locutor del programa de radio Planeta Incógnito. Aficionado desde pequeño a los enigmas y misterios, inicia junto a su hermano Héctor el proyecto Planeta Incógnito en 2009. Quizá sea el perfil más humanista del grupo ahondando en temáticas cercanas a la historia de las religiones, conexiones humanas y conspiraciones
Ivan Montoya

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9 thoughts on “La magia del Camino de Santiago

  1. Soy Javier, otra vez, si alguien quiere escribirme, también pongo mi e-mail, porque me lo piden akí, pero no sale, y lo pongo pa ke salga. Si alguien quiere escribirme, pues bien. Saldré el 2 de agosto de 2015 y si coincidimos en el camino y alguien lee este artículo qu eme lo comente… Será un placer compartir el artículo y los comentarios que hagamos por akí… eliasbaley@hotmail.com Buen Camino…¡¡¡

  2. Pues me ha gustado mucho el artículo. Si, cada uno hace el camino por sus razones, aunque no creo qu esea una sola (religión, esoterismo, turismo rural, valores humanos, etc.), sino varios a la vez. Pero lo que más recuerdas y lo que más valores, sobre todo cada vez que llegas a una etapa, y sobre todo, cuando llegas y rememoras las jornaas, es el valor humano de los que hacen el camino contigo. Aunque vayas solo, como yo, que he ido siempre solo, nunca, repito, nunca estás solo, pues vas haciendo amigos por el camino y gente que no conoces de nada que te ayuda y te acompaña. Tendrás tus motivos, varios, pero el mejor es el compartirlo con los demás peregrinos. Cuando gente que no conoces y solo lo ves en el momento de pasarle o cuando te pasan, con el “BUEN CAMINO¡¡¡”, disfrutas porque en la cotidianidad de donde procedes, sobre todo una gran ciudad, nadie te saluda, nadie te habla, todos con sus problemas del dia a día nadie te habla y todos se ignoran, te das cuenta que todos los que estamos en el camino, estamos como en la vida, en el mismo barco y nos damos ánimos unos a otros, sin conocernos, saludando y compartiendo el camino, con gente que no conocías y quizás no vuelvas a ver en tu vida. Pero que conservas ese recuerdo con cariño de la gente que te encuentras y te apoya y tú a ellos. Eso es lo más bonito, el compartir el camino con los demás. Este año vuelvo, desde Logroño, a ver si lo consigo.¡Buen Camino! ¡Ultreia! o como se diga a todos. Un abrazo a todos los peregrinos…

  3. También cabe la posibilidad de ir por el arcén, aunque es peligroso, de la carretera desde Lavacolla hasta San Marcos, y aquí introducirse por sus calles hasta la capilla. Esta opción lleva consigo ahorrarse dos kilómetros de camino.

  4. He estado leyendo el articulo del camino.Lo mejor para mi que lo hice hace ya algun tiempo son los valores humanos que se consiguen durante las distintas etapas,el valor que le das a un momeno de espera entre los bosques de Galicia o el trago de agua que te da el lugareño de turno cuando haces un pequeño alto, el camino no se hace.El camino hace que valores que tenemos olvidados en esta sociedad vuevan a nuestra cabeza cada vez que alguien habla del camino.Un abrazo y buen camino a todos.

  5. ya tenia ganas de leer el articulo jeje, precioso, me ha gustado la forma en la que mezclas valores tan importantes como la amistad, el compañerismo, la valia, la superacion y la fuerza interior con la magia del camino.
    La verdad es que fue fruto de la casualidad el que nuestros camino se cruzaran, pero yo no digo casualidad, sino causalidad, nuestros caminos los de todos tenian que cruzarse pues teniamos que aprender algo los unos de los otros, unos valores intrinsecos que llevamos dentro pero que no somos capaces de extraer de nosotros mismos, y es necesario que otra persona te lo diga. Como tu dices en el camino se afrontan y se viven todas las etapas de la vida y aunque hagas el camino varias veces, como es mi caso que era la segunda y no sera la ultima, siempres aprendes cosas nuevas, ves cosas distintas, y porque no aprendes nuevas cosas de uno mismo.
    Yo fui al viaje con una serie de preguntas y pese a que no encontre alli las respuestas, sino mas bien cuando volvi a cartagena, obtuve lo que exactamente queria y necesitaba, relajarme, no pensar, desconectar, aprender, saborear cada segundo de esa galicia profunda, y conocer gente, gente que cuando comenzo el camino eran extraños y ciento y pico kilometros, unos cuantos litros de aquarius, 5 botes de reflex y muxas experiencias vividas en 4 dias, eran amigos.
    Mi viaje cuando prosegui hacia finis terrae no fue igual, no keria seguir caminando pues el motivo por el que habia decidido emprender esa aventura ya lo habia hecho.
    No quiero terminar estas palabras sin mencionar que vosotros ( laura, rocio, ivan y carlos) me volvisteis a enseñar valores que hacia tiempo que habia olvidado y que gracias a vosotros mi viaje fue muy muy especial.
    De verdad gracias por el camino, gracias, amigos y hasta que nos volvamos a ver y espero que sea dentro de muy poco, me despido de vosotros con besos y abrazos y como buen peregrino me despido con un BUEN CAMINO AMIGOS.

  6. Muchas gracias Ivan, ha sido precioso leer tu historia y revivir aquellos momentos mágicos.
    Desde que bajé al andén del tren con mi hermana Rocío, y nos enteramos de que ese tren no era el bueno… ahí empezó nuestro camino. Y según como veas la vida en ese momento, esa anécdota la podría haber visto como una forma negativa de empezar un viaje, o como una experiencia no prevista a la que teníamos que acoplarnos de la mejor manera posible y vivirla de forma positiva; y así lo hicimos, y así os conocimos, y así nuestro camino fue el que fue… Yo no lo llamaría destino, destino como un futuro escrito, y conocido por algún ente de antemano. Para mí el destino se lo labra uno, y lo cambia en función de sus ganas de vivir, de lo que quiere y de lo que busca. Yo sé que si el haberme equivocado en la compra del billete me hubiera pasado un par de años antes, me habría enfadado muchísimo conmigo misma, me hubiera cabreado desde un principio, me habría machacado una y otra vez por mi error, y probablemente ni habría querido relacionarme con vosotros en el tren. Eso no es destino, es formas de afrontar la vida en uno y otro momento. Cada uno atrae de la vida lo que quiere de verdad. Yo buscaba paz, vivir lo que viniera sin juzgarlo, compartir unos días bonitos con mi hermana, y lo demás me lo traería el camino. Y así fue… Conocí a unas personas maravillosas, que estaban con sus propios procesos interiores, pero muy afines a mí. Eso no era destino, ni casualidad, si no simplemente que era lo que buscábamos cada uno de nosotros y la vida y el camino nos lo trajo. Si hubiéramos querido otras cosas, no nos hubiéramos conocido.
    Es difícil explicarlo, siempre resulta más fácil con una buena copa con fresitas y granos de café.

  7. Buen artículo, he revivido parte de mi camino, la verdad y como bien dejas ver, la amistad y los valores humanos son la verdadera magia del camino

    Pedro, un peregrino

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