La Asombrosa e Increíble Historia de Philip Taylor Kramer

Iron Butterfly con Philip Taylor Kramer (izquierda) en la formación de finales de los 70La asombrosa e increíble historia de Philip Taylor Kramer: ingeniero aeroespacial, genio de los ordenadores, físico teórico y efímero bajista de los Iron Butterfly.

Corría el año 1968 y los Iron Butterfly sacudían el mundo del rock con los 17 psicodélicos minutos de su más indiscutible hit, «In-A-Gadda-da-Vida», una de las cumbres del acid rock que sin duda erosionaría el paisaje musical de la época, dibujando un cauce que pronto habría de verse desbordado por el torrente salvaje del heavy metal.

Sin duda los Simpson supieron captar el aire “catedralicio” de este himno de los sesenta.

Sin embargo, no sería hasta 1974 cuando un buen amigo de Ron Bushy, batería de los Butterfly y único superviviente de la formación clásica de la banda (que se había separado en 1971) llamado Philip Taylor Kramer, se uniría a la segunda etapa de los californianos. Con ellos permanecería más o menos hasta 1976, participando activamente en los dos discos de 1975 de la formación, Scorching Beauty y Sun and Steel, ambos con pobres ventas y no muy buena recepción por parte de público y crítica.

Taylor Kramer 

formacionbutterfly1969Se ve que como la cosa de la música no funcionaba, Kramer se quitó el Philip del nombre y ya como Taylor Kramer volvió a la universidad, en este caso nocturna, para terminar su licenciatura en ingeniería aeroespacial, lo que más adelante le llevaría a trabajar de manera determinante en el sistema de guía de los misiles MX para una empresa contratada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Estos misiles eran en su momento pieza fundamental en la estrategia militar del entonces presidente Ronald Reagan.

Ondas Gravitacionales
Ondas Gravitacionales

Ya en los noventa, Taylor Kramer fundaría Total Multimedia Inc. compañía con la que se iba a meter de lleno en el mundo de los ordenadores, sentando las bases de las redes de fibra óptica que utilizamos hoy en día, así como trabajando en nuevas técnicas de compresión de datos, que les llevarían según ellos mismos afirman, a ser los primeros en conseguir comprimir un vídeo en 1992. Es en este momento, en la cima de su carrera, con el reconocimiento profesional y calificado como un visionario por muchos de sus compañeros, cuando decide centrar todos sus esfuerzos en algo a lo que su padre, Profesor de Física y responsable del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Youngstown State University, había dedicado más de 30 años: descubrir un método de transmitir o enviar información a través de las llamadas ondas gravitacionales, o lo que es lo mismo, demostrar que la teoría de la relatividad de Einstein estaba equivocada. Taylor llevó un paso más allá los esfuerzos de su padre, y en un momento dado afirmó que había encontrado la clave para una nueva forma de comunicación, un método revolucionario que permitiría a la información viajar más rápido que la luz.

¿Es realmente posible viajar más rápido que la luz?



Destello de energía liberada en una simulación de laboratorio tras un impacto a hipervelocidad contra un objeto estático. Estos experimentos están destinados a conocer qué sucede en el caso de que piezas de chatarra espacial impacten contra una nave en órbita. Se considera hipervelocidad a cualquier velocidad superior a Mach 8.8 (3000 metros/sg)Kramer
no sólo estaba absolutamente seguro de que era posible, sino que además estaba muy cerca de demostrarlo matemáticamente. O eso pensaba. Durante las dos semanas previas al 12 de febrero de 1995, trabajaría sin descanso en la fórmula, en la ecuación, en la teoría que estaba llamada a revolucionar el mundo de las telecomunicaciones y nuestra sociedad por completo. Esta certeza, este convencimiento casi febril, le llevaría hasta el punto de prácticamente no dormir durante aquel periodo, lo que según sus más allegados comenzó a afectar a su -habitual- carácter afable y alegre, desarrollando una conducta errática y paranoide. Hablaba constantemente de “los otros” que según afirmaba, “le estaban vigilando”, e incluso empezó a contemplar la posibilidad de mudar a la familia “porque estaban en peligro”. La situación no parecía encaminarse hacia un destino positivo, y efectivamente, el 12 de febrero de 1995, la cosa llegó a un trágico y misterioso desenlace. Aquella mañana, Taylor Kramer había quedado en recoger a un amigo, a una especie de inversor o asociado en el aeropuerto de Los Ángeles, Greg Martini y a su esposa, a los que sin embargo, nunca llegaría a recoger.

Aeropuerto de los Ángeles. Terminal Internacional Tom BradleyEn el aeropuerto estuvo, de eso no hay duda, concretamente en el parking de llegadas, cosa que ha quedado registrada tanto por el vídeo de las cámaras de seguridad, como por un pagaré firmado de su puño y letra por valor de 3 dólares. Durante el tiempo que pasó en el aeropuerto algo debió ocurrir, algo que le hizo tomar la decisión de marcharse sin recoger a su amigo, y lo más inquietante, le hizo realizar una serie de llamadas bastante desconcertantes.

En primer lugar telefoneó a Jennifer, su esposa, a la que comunicó que en caso de que los Martini contactaran con ella, debía decirles que cogieran un taxi desde el aeropuerto, y fueran directamente al Hotel Hyatt Regency Westlake, donde él les esperaría una hora más tarde de lo previsto, “con una gran sorpresa para ti” según recuerda la propia Jennifer. Ron Bushy, de los Butterfly, también afirma haber recibido una llamada de su amigo para decirle: “Bush, te quiero más que a la vida misma”, y acto seguido colgar. Después de esto, su mujer recibiría una nueva llamada, en la que Kramer le dijo que siempre estaría con ella pasara lo que pasara. Entre medias una sucesión de llamadas a familiares, amigos y socios, hasta 17 según algunas fuentes, en las que quienes las recibieron aseguran que Kramer sonaba alterado, “sin aliento”, y en las que repetía que “ellos” le perseguían, que le habían encontrado y que estaban “al otro lado”. Finalmente se produjo una última llamada al 911, que quedó registrada y en la que decía lo siguiente:

This is Philip Taylor Kramer; I’m going to kill myself” (Soy Philip Taylor Kramer, me voy a suicidar)

Después de esta llamada, la nada, el vacío más absoluto, y una búsqueda, la búsqueda interminable de una familia, que no podía creer, aceptar, que su amante padre, su amado esposo, su querido hijo, amigo y hermano, les pudiera haber dejado de esa manera voluntariamente.  Y sobre todas esas sospechas, un testimonio, una frase que prevalecería sobre todas las demás, algo que el propio Kramer le había dicho a su padre tiempo atrás, cuando empezaba a estar cerca de su descubrimiento: “Papá, si alguna vez os llamo y os digo que me voy a suicidar, no me creáis, estaré necesitando ayuda”. ¿Suicidio? ¿Una agencia gubernamental tratando de tapar un descubrimiento que podría cambiar la historia? ¿Un gobierno extranjero tratando de sacar provecho de sus conocimientos de defensa? ¿Una abducción extraterrestre? Muchas teorías, algunas más descabelladas que otras, y muchos interrogantes; cuestiones que quedarían resueltas parcialmente el 29 de mayo de 1999, cuando en el fondo del Cañón Decker, cerca de Malibú, unos excursionistas encontraron una Ford Aerostar del ‘93 con lo que más tarde, mediante un análisis forense de las piezas dentales, se sabría que eran los restos de Philip Taylor Kramer, del que, desde aquella última llamada en la autopista, no se había vuelto a saber nada.

Dead End 

Una autopista que según las autoridades habría sido el camino hacia el suicidio a tenor de esa última llamada, pero lo cierto es que aún hoy, no son pocos los interrogantes que quedan sobre ese último viaje por carretera sembrado de llamadas de Taylor Kramer. Un recorrido al que puso fin al salirse de la autopista, voluntaria o involuntariamente, vivo o quizá ya muerto.

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Fuentes:

Carlin, Peter Ames (1997): “The Vanishing”. People, May 5. Consultado en http://www.people.com/people/archive/article/0,,20122009,00.html

Lei, Richard (1996): “Far Out”. The Washington Post, October 6. Consultado en https://www.washingtonpost.com/archive/lifestyle/1996/10/06/far-out/e7bfbaa7-8f9a-4cec-88dc-45d6d2d03f3d/

Luckman, Michael C. (2005). Alien Rock. New York: Pocket Books.

Reed, Leonard, Blankstein, Andrew, Wolcott, Holy J. (1995-1999):  “In the News. Phillip Taylor Kramer”. Los Angeles Times. Consultado en  http://articles.latimes.com/keyword/philip-taylor-kramer

Swanson, Dave (2015): “The Mysterious Death of Iron Butterfly Bassist Philip Taylor Kramer”. Ultimate Classic Rock, February 12. Consultado en
http://ultimateclassicrock.com/iron-butterfly-philip-taylor-kramer-found-dead/

VH1 Confidential. Episode 3 (2000). Documental. Estados Unidos, Termite Art Productions. Consultado en https://www.youtube.com/watch?v=X4_NVy9r0kw

Ismael Molero

Periodista y Profesor de Geografía e Historia, porque el periodismo es enseñar.

Como primer eslabón de la cadena de la historia, el periodista debe conocer el por qué de la realidad para poder explicarla. Música, historia y periodismo se dan cita en mi programa, “La Choza del Rock”.

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