La Vía Láctea es mayor de lo que se pensaba: tiene un disco de 200.000 años luz de diámetro

Vía Láctea desde la cumbre

La Vía Láctea es observada desde la cumbre Chasseral (1.607 m), perteneciente al Macizo Jura, en Berna (Suiza). Anthony Anex / EFE

La Vía Láctea es mayor de lo que se pensaba, ya que tiene un disco con el que no se contaba y que es “enorme”, de unos 200.000 años luz de diámetro, según un trabajo en el que investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y del National Astronomical Observatories de Pekín (NAOC).

El Instituto de Astrofísica de Canarias ha indicado este miércoles en un comunicado que las galaxias espirales, como la Vía Láctea, se caracterizan por tener un disco de escaso grosor, donde se encuentran la mayor parte de las estrellas, y cuyo tamaño es limitado y a partir del cual ya casi no hay estrellas.

En el caso de la Vía Láctea no se tenía constancia de que hubiera estrellas de disco a distancias del centro mayores que dos veces la del Sol.

Es decir, ha explicado el IAC, se pensaba que “nuestra” estrella más cercana se encontraba situada a la mitad del radio galáctico, pero sí las hay y “bastante más lejos, a más del triple de esa distancia. Incluso, es probable que algunas superen el cuádruple de esa distancia”.

El trabajo ha sido publicado en la revista ‘Astronomy & Astrophysics’ y en él Martín López-Corredoira, investigador del IAC y primer autor del artículo, apunta que el disco de la Vía Láctea es “enorme”, de unos 200.000 mil años-luz de diámetro.

Añade que, a grandes rasgos, podríamos imaginar que las galaxias como la Vía Láctea están compuestas por un disco, en el que giran unos brazos espirales, y un halo, con forma esférica, que lo envuelve.

Análisis de estrellas

En la elaboración de esta investigación se han comparado las abundancias de metales en las estrellas en el plano galáctico con las del halo, para encontrar que hay mezcla de halo y disco hasta las grandes distancias indicadas.

Los investigadores han alcanzado estas conclusiones tras realizar un análisis estadístico de datos cartografiados de APOGEE y LAMOST, dos proyectos que obtienen espectros de estrellas, es decir, información sobre su velocidad y composición química.

Usando el contenido en metales de las estrellas de los catálogos, con la combinación de atlas espectrales de alta calidad como APOGEE y LAMOST, y la distancia a la que sitúan los objetos, hemos comprobado que hay una fracción apreciable de estrellas más allá de donde se suponía que acaba el disco de la Vía Láctea, explica Carlos Allende, investigador del IAC y coautor de la publicación.

Francisco Garzón, investigador del IAC y también autor del artículo, ha aclarado que no han hecho uso de modelos, que a veces solo dan las respuestas para las que se han diseñado.

Fuente y más información:
Diario 20minutos

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