Marea marrón

Acumulación de sargazo en la bahía de Conset, en el este de la isla de Barbados. EFE

Desde su repentina aparición en 2011, una concentración inusual de sargazo se está extendiendo por las aguas y las costas de las Antillas Menores, inquietando con sus manchas marrones a la industria del turismo y de la pesca.

Los pescadores que salen a faenar allí se topan con ese manto de algas marinas, compañeras por ahora impredecibles que más de un disgusto han dado enredándose en las redes o averiando los motores de los barcos.

En Barbados, la pericia en el mar es lo que da confianza a algunos como Allan Bradshaw, que no ha parado nunca de pescar, aunque sí reconoce que debe extremar la vigilancia si no quiere quedar atrapado en algo de lo que es “muy difícil” deshacerse.

La presencia de grandes capas de sargazo en la bahía de Conset, en el este de la isla, no le impide ir a buscar peces a otros sitios más limpios donde la extracción -dice- “está casi garantizada”.

Bradshaw asegura que algunas especies como el pez volador “por alguna razón” se están aproximando más a la costa desde que aparecieron esas algas, una oportunidad pesquera no exenta de riesgos como, por ejemplo, la sobreexplotación.

Los expertos tratan de dar una explicación lógica al fenómeno del sargazo, que se piensa que está relacionado con el aumento de las temperaturas y el cambio climático.

“Estamos trabajando en un modelo de predicción. No estamos acostumbrados a ver esa cantidad de algas”, hasta doscientas veces superior a las encontradas en otras zonas, afirma la experta de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Iris Monnereau.

El exceso de sargazo que llega a las playas del Caribe se hallaba originalmente en el Mar de los Sargazos, ubicado en el océano Atlántico cerca de las Bahamas, o en el golfo de México.

Sin embargo, las nuevas oleadas de algas, intensificadas en 2014 y 2015, proceden más que probablemente de una región localizada entre África y Brasil.

Sin ser dañina para las personas, los efectos de esta marea se están notando en el turismo, con las playas paradisíacas de arena blanca y fina transformadas en vertederos malolientes, y en la pesca de todos esos países de la región.

“El sargazo bloquea las playas y las salidas al mar. Parece que está impactando de forma negativa en la pesca de especies claves como el pez volador y el dorado, aunque ha atraído a otras”, comenta Monnereau.

Con la intención de que no se repita la respuesta lenta que las autoridades tuvieron ante la llegada de una “plaga marina” para la que no estaban preparadas, se están desarrollando planes de gestión dejando claro quién es el responsable de las tareas de limpieza o cómo equipar a las áreas más afectadas.

La industria hotelera del Caribe también ha tomado nota, con campañas de información al público en general, mientras se han organizado recogidas de los restos acumulados en las playas (mejor con rastrillo y carretilla antes que erosionarlas usando métodos más agresivos).

Al mismo tiempo han surgido iniciativas para transformar las algas marinas en fertilizante natural para la agricultura, si bien la diferente composición química y la posible presencia de metales pesados limitan su aplicación en otros ámbitos como la alimentación.

Científicos de la Universidad de las Indias Occidentales y de la de Mississippi (Estados Unidos) se han sumado a los esfuerzos por conocer más los factores que arrastran esa mancha por el océano y predecir hacia dónde se moverá en el futuro.

Como sucede con los huracanes, el sargazo es “algo con lo que el Caribe tiene que aprender a vivir“, según Hazel Oxenford, especialista del primero de esos centros involucrada en el proyecto.

Sostiene que el hecho de que las algas puedan crecer más y a más velocidad “no es un problema” en mar abierto, donde dan cobijo a multitud de organismos y almacenan carbono, pero sí deja una huella ambiental molesta al llegar a las costas.

Fuente y más información:
Diario 20minutos

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