Familia

Miembros de una familia, paseando por el campo. GTRES

Sentirse atraído sexualmente por un miembro de tu familia, especialmente si se trata de un hermano o tus padres, es algo que ni se te pasa por la cabeza. El incesto ha sido rechazado por muchas culturas, convirtiéndolo en tema tabú y que causaba rechazo social. La primera teoría acerca de este rechazo hacia miembros próximos de tu familia la realizó en el siglo XIX el irlandés Edvard Westermarck.

La explicación tiene origen en que desde niños perdemos toda sensibilidad sexual/romántica hacia cualquiera de las personas que conviven junto a nosotros de forma muy estrecha en los primeros años de nuestra vida. De esta forma, se establece que basta con que se comparta vida y techo. En otras palabras, no depende de la consanguinidad y es aplicables tanto a niños criados por sus padres biológicos como a los adoptados.

Sin embargo, esta afirmación no deja de ser algo teórico, ya que como señalan desde The Guardian o en Gizmodo el terreno emocional es algo que no deja de ser imprevisto. Existe una teoría conocida como atracción sexual genérica (GSA), en la que se establece que individuos genéticamente relacionados y muy cercanos pueden sentirse atraídos si se ven por primera vez en la edad adulta tras haber pasado separados toda la infancia.

Existen casos como el de Barbara Gonyo, quien acuño el término GSA, quien quedó embarazada a los 15 años en la década de los 50 y se vio obligada a dar a su hijo en adopción. Ambos se reencontraron en los 80 y Barbara, que entonces tenía 42 años, aseguró sentirse horrorizada porque su hijo, entonces con 26 años, le atraía, según informó The Telegraph. Barbara se sintió repugnada por esta atracción y los psicólogos vieron la causa en la falta de vinculación y el gran parecido del hijo al padre biológico, primer amor de Barbara.

Se han documentado más casos de este tipo entre padres e hijo separados durante décadas y también entre hermanos biológicos. Entre las investigaciones sobre el GSA, destaca una realizada por M. Greenberg y R. Littlewood, de la University College London. En este estudio se confirmaba que la mayoría de casos de GSA se producían entre individuos que habían estado separados durante años de sus progenitores, hermanos o hijos. Este estudio además encontró evidencias del efecto Westermarck, ya que en esos casos de atracción entre familiares, la respuesta final sobre si mantendrían una relación era el rechazo a esa idea.

Fuente y más información:
Diario 20minutos

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