No. Un corredor ecológico no es un runner comprometido con el medioambiente. Para entender qué es, primero hay que aclarar qué es la conectividad ecológica. Se trata de la facilidad con la que los animales y otros seres –como las plantas- se pueden desplazar desde el territorio en el que habitan hasta otros enclaves a través de zonas naturales (bosques, humedales, etc.) o seminaturales (como las dehesas).

Estas zonas que conectan unos parajes con otros son los denominados corredores ecológicos, también conocidos como corredores biológicos, corredores de conservación, corredores verdes o autopistas salvajes.

“A partir de la Revolución Industrial los animales dejaron de desplazarse por donde querían y empezaron a hacerlo por donde les dejábamos“, explica Gemma Rodríguez, coordinadora de políticas de biodiversidad de WWF España. Esta ONG se ha encargado de elaborar el informe Autopistas Salvajes.

Los animales tienen que moverse de unas zonas a otras por varios motivos. Uno de ellos es el cambio climático. Las predicciones apuntan que para 2100 habrán aumentado de 4 a 6 grados centígrados las temperaturas en el interior de la península, lo que provocará aridez en el terreno y la fauna necesitará desplazarse a lugares de mayor latitud o altitud para poder desarrollar su vida con normalidad. Sin los corredores biológicos, este traslado no será posible.

Pero el aumento de temperaturas no es el único factor que convierte la conectividad en algo imprescindible para el desarrollo de las especies. M. Cruz Mateo, profesora de la ETSI Montes, Forestal y Medio Natural de la UPM, formó parte del equipo de investigación que ha elaborado el informe Autopistas Salvajes y ha colaborado en el Plan de acción de mejora de la conectividad con la Fundación Oso Pardo. Desde su experiencia, cuenta que “las poblaciones de osos han estado desconectadas durante muchos años y tienen endogamia, es decir, se han cruzado entre ellos”.

¿Qué factores perjudican a los corredores biológicos?

Los hábitats naturales están siendo continuamente destruidos o fragmentados por la acción del ser humano a través de la construcción de urbanizaciones, autopistas y carreteras, el desarrollo de cultivos intensivos, la sobreexplotación de recursos hídricos, etc.

La construcción de infraestructuras de transporte es una de las causas más importantes de fragmentación en España. De hecho, según los últimos datos aportados por la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), España es el país con más kilómetros de autopistas de Europa, con una extensión de más de 15.000 kilómetros, por delante de Alemania, con aproximadamente 13.000.

El aislamiento de los hábitats también supone un problema para las especies amenazadas de nuestro país, como es el caso del lince ibérico o del oso pardo, que sobreviven en poblaciones aisladas. “Los atropellos son un verdadero problema para el lince”, defiende Mateo. Durante el año 2017 un total de 30 linces murieron atropellados, la mayor tasa hasta ahora registrada según los datos que recoge The Virtual Museum of Life.

“Las rutas de movimiento de los animales se ven interrumpidas por las vías de comunicación, entre otras cosas. Los campos de cultivos intensivos también afectan”, explica la ingeniera. La Política Agrícola Común (PAC), fue creada en 1962. Mediante ella se gestionan las subvenciones que se otorgan a los agricultores y ganaderos de la Unión Europea (UE) y han proliferado este tipo de cultivos. Gemma Rodríguez pone de manifiesto que estas prácticas “han hecho desaparecer gran parte de la vegetación natural por donde la fauna se podía desplazar, esconder, comer o criar. Ahora ya no puede hacerlo en esos territorios”.

¿Qué se hace para acabar con la fragmentación?

España es el país más rico en biodiversidad a nivel europeo y al mismo tiempo el más vulnerable a su pérdida principalmente por la fragmentación de hábitats. Además, es el país que más especies amenazadas recoge de toda Europa, con el 34% de los anfibios y reptiles, el 54% de los peces continentales, el 20% de los mamíferos, el 25% de las aves reproductoras y el 15% de las especies de flora, según datos de WWF.

Pero aún no cuenta con ningún estudio que identifique una red de corredores nacionales con base científica. Sí se han llevado a proyectos a nivel autonómico, pero no a nivel nacional. El informe Autopistas Salvajes que ha elaborado WWF España ha identificado los principales corredores verdes que ya existen en la península -y que hay que conservar- y aquellos que necesitan restaurarse. Con él pretenden servir como base a las futuras políticas ambientales y sectoriales -de planificación territorial, agricultura o transporte- que se implanten en España.

Para elaborar el mapa con los corredores han tenido en cuenta los espacios que que ya estaban protegidos por la Red Natura 2000. Esta Red la creó en 1992 la Comisión Europea (CE), que estableció dos listas: una con tipos de hábitats y otra con especies animales y vegetales que los países pertenecientes a la UE tienen la obligación de conservar y de proteger para, así, cuidar la naturaleza. En España, actualmente forman parte de la Red 1.467 Lugares de Importancia Comunitaria y 644 Zonas de Especial Protección para las Aves, según los datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medioambiente (MAPAMA).

A principios de marzo la secretaria de Estado de Medioambiente, María García Rodríguez, anunció que “España contará en 2018 con una Estrategia Estatal de Infraestructura Verde y conectividad y restauración ecológicas que se encuentra en proceso de elaboración”. Sin embargo, Gemma Rodríguez revela que “desde WWF tememos que esta estrategia se quede en declaraciones de intenciones. Si no incluyen un plan de acción, no va a llegar a ningún lado y nos tememos que ese sea el caso“.

Fuente y más información:
Diario 20minutos

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