¿Cómo funciona el miedo en nuestro cerebro?

¿Cómo funciona el miedo en nuestro cerebro? GONZOO

En la víspera de Halloween de 1938 ocurrió algo en Estados Unidos que daría muchos quebraderos de cabeza a sociólogos, psicólogos, estudiosos de la comunicación y, en general, a cualquiera que estudiase el comportamiento del ser humano. Hablamos, por supuesto, de la emisión de La Guerra de los Mundos, la adaptación radiofónica de H.G. Wells que el genial Orson Welles interpretó.

Durante la emisión, y a pesar de una introducción en la que se explicaba que el programa era una dramatización, un ataque de pánico colectivo se apoderó de muchos vecinos de Nueva York y Nueva Jersey (donde tenía lugar la trama de la ficción) que bloquearon con sus llamadas las líneas de la policía y la prensa. Según se dice, incluso, se produjeron numerosos suicidios.

El incidente levantó numerosas preguntas (y arrojó algunas luces) sobre un antiguo objeto de fascinación para los humanos: nuestro propio miedo. Desde luego, el estudio de esta emoción contaba ya con una larga trayectoria en 1938, pero lo que ocurrió colocó en el debate científico la “histeria colectiva” y el poder de la comunicación de masas, especialmente cuando se utiliza el miedo para influir en la población.

A nivel básico, existe consenso científico en que esta emoción es la reacción fisiológica y psicológica ante la percepción de un peligro, real o imaginario, presente, pasado, o futuro. Es un mecanismo de nuestro sistema endocrino que nos prepara para responder a una amenaza; desde el punto de vista biológico, es un esquema adaptativo que facilita nuestra supervivencia.

Pero como emoción, el miedo se torna algo mucho más complejo. Por ejemplo, muchas personas padecen miedos aparentemente irracionales que no se corresponden ni con una estimación realista de la amenaza a la que responden ni con su inminencia; miedos a menudo grabados en la memoria (a veces de manera inconsciente) por incidentes en nuestra infancia temprana. Por otro lado, se sabe que algunos miedos se aprenden, y que varían de manera significativa según la cultura del individuo. E incluso, el miedo “artificial”, un miedo generado que no responde a ninguna amenaza verdadera (pero que no es por ello menos real) es a menudo objeto de diversión y disfrute, como demuestra nuestra extensísima filmografía de terror y la propia celebración de Halloween.

Un estudio publicado por los investigadores Kay Tye, del Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense (NIMH), y Praneeth Namburi y Anna Beyler, del Instituto Tecnológico de Masachussets (MIT) concluyó que las regiones del cerebro en las que tienen lugar los procesos del miedo están conectadas con los “centros de recompensa”, de manera que, al pasar por un momento de miedo artificial y salir ilesos, nuestro cerebro obtiene sensaciones placenteras. Esto ocurre porque las sustancias que nuestro cuerpo segrega cuando tenemos miedo y que nos preparan para reaccionar (adrenalina, dopamina y oxitocina) estimulan estos centros de recompensa, de manera análoga a lo que sucede con determinadas drogas adictivas, ciertos alimentos o el sexo.

Claro que el miedo no siempre es tan divertido. Joanna Bourke, autora del libro El miedo: una historia cultural, distingue entre tos tipos de miedo: externo (aquel que surge ante una amenaza identificable y externa al individuo) e interno (aquel que no se concreta en un objeto externo), que relaciona con la ansiedad.

De acuerdo a Bourke, este último, el interno, es un miedo con un importante componente político, influido por la cosmovisión del individuo (y, por tanto, por la cultura) y puede manipularse y dirigirse hacia chivos expiatorios, como inmigrantes o rivales ideológicos. Es un miedo fundamentalmente social, que surge de nuestra relación con los demás individualmente y con nuestro grupo como un todo.

Precisamente esta característica ha convertido al miedo en un pilar fundamental de nuestra socialización. Está en la base de la religión (el miedo a aquello que nos aguarda tras la muerte), la política (el miedo a los demás, que nos lleva a aceptar la autoridad a cambio de que se nos garantice seguridad), o la educación (que utiliza un sistema básico de recompensas y castigos).

Al final, el miedo es algo inevitable, que todos experimentamos, y necesario para sobrevivir y relacionarnos. Por ello entenderlo, cómo y porqué se produce, ante que amenazas surge y cómo de reales son estas amenazas es fundamental para entendernos como seres humanos, para dominarlo y para, como miles de personas en todo el mundo harán el próximo 31 de octubre, celebrarlo y disfrutar de él.

Fuente y más información:
Diario 20minutos

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