Este sábado 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, unos frágiles ecosistemas especialmente amenazados por el cambio climático. España es un país privilegiado, con espacios únicos y tan ricos en biodiversidad como Doñana, aunque precisamente  el pasado mes de enero la Comisión Europea decidió llevar al gobierno español ante el Tribunal de Justicia de la UE por no haber tomado las medidas necesarias para su protección.

“Doñana sufre un crecimiento brutal de los cultivos de invernadero y de regadío en su entorno, con extracciones abusivas y hay que controlarlo, ya no solo por la que es la joya de la corona de Europa Occidental, sino por tener un recurso sostenible a largo plazo”. El que habla es Eduardo Beascoechea (Madrid, 1961), ingeniero técnico superior agrónomo y director en España de la Fundación Global Nature. 

Esta fundación lleva 25 años dedicada a la conservación de la naturaleza. Ha fundamentado su labor en la restauración de ecosistemas acuáticos y su trabajo abarca ya 110 lagos y zonas húmedas de diferentes países. En total, están desarrollando nueve proyectos LIFE (Programa de Medio Ambiente y Acción por el Clima).

¿Por qué los humedales son tan importantes para el medioambiente?
Los humedales son reguladores de ciclos hídricos y del microclima. Muchas veces, son zonas donde el agua que viene por arroyos se frena, se almacena y permite que circule en profundidad y así recargan los acuíferos. De hecho, en muchos países europeos se están regenerando antiguos humedales, rompiendo canalizaciones y retirando suelos agrícolas.

Es decir, que su conservación interesa además a los agricultores.
Hay pequeños detalles de los que nos nos damos cuenta: los humedales tienen el 50% de la biodiversidad de muchas comarcas y pueden ser refugio de muchísimos pulverizadores para los cultivos del entorno y hacen de depuración natural de muchas aguas. Evidentemente no es lo ideal, pero tienen este valor.

¿Por qué corren un riesgo especial de degradación?
Son ecosistemas muy frágiles. Son pequeños, sobre todo los mediterráneos, y fluctúan mucho en función del uso de agua. Cuando extraes agua de un acuífero crees que tienes agua durante un montón de años porque hay muchos miles de metros cúbicos, pero lo primero que desaparece cuando empieza a bajar el nivel es el poquito que está sobresaliendo. Ese es el humedal. Además, dependen mucho del clima y cualquier alteración puede eliminar de un plumazo la mitad de su superficie. En España hemos perdido cientos de miles de hectáreas de monte mediterráneo, pero todavía nos quedan otros muchos cientos de miles de hectáreas. Sin embargo, un humedal que tiene dos mil o tres mil hectáreas, como puede ser el caso de Daimiel, si baja un poquito el nivel del acuífero se te queda en mil hectáreas. También les afecta cualquier pico de contaminación y el cambio climático. Con cuatro meses secos, el humedal se seca totalmente. En algunos casos es el régimen natural, pero ese régimen se está forzando hasta el extremo.

¿Qué tipos de especies son las que están más amenazadas en nuestros humedales?
Los humedales acogen a más del 50% de la biodiversidad de muchas comarcas del interior peninsular. Muchas especies dependen de una forma directa o indirecta de ellos y albergan especies muy amenazadas. Estamos hablando de aves como el aguilucho lagunero, de patos como el cerceta padilla o el pato malvasía. Pero no pensemos solo en los pajaritos, porque hay más especies. Los peces son el grupo de vertebrados más amenazados en este momento, sobre todo, por la introducción de especies exóticas, pero también por la contaminación como el fartet o el samarugo, que son espacies endémicas de los humedales costeros salinos y que están desapareciendo  por los residuos agrarios, los fertilizantes y los plaguicidas que llegan a los canales  o de extracción de aguas para riego. También peligran los insectos, tenemos especies únicas como el grillo cascabel de plata. Es decir, estamos hablando de especies pequeñitas a las que nadie hace caso, pero que son fundamentales.


Malvasía cabeciblanca. (Diputación de Málaga).

¿Qué hay que hacer al respecto?
En el caso de España, es cumplir la legislación, porque hay legislación suficiente como para evitar vertidos, extracciones ilegales y emprender la delimitación del dominio público hidráulico. Todo eso está en la ley. Hay que clasificar como humedales zonas que están todavía sin catalogar como tales y son importantísimas. También es importante denunciar y perseguir la apertura de pozos ilegales. Tristemente, estos días estamos viendo el caso de Julen y que todo el mundo está horrorizado porque de repente se han enterado de que hay miles de pozos ilegales. Es algo que venimos denunciando los ecologistas de hace más de 30 años. Hay una inacción absoluta por parte de las confederaciones hidrográficas y tienen una responsabilidad. También existe una ocupación del dominio público hidráulico por construcciones y otros usos que conllevan la muerte de gente si hay riadas. Exigimos que políticos y técnicos tengan una responsabilidad civil y penal por permitir determinadas actuaciones en dominio público hidráulico.

¿Existe voluntad política para cambiar la situación?
En España es lo que hace falta, una voluntad política y no tanto el dinero. Existe una dejación clarísima de responsabilidad por parte de políticos y técnicos de confederaciones hidráulicas de Comunidades Autónomas y del propio Gobierno. La ha habido durante décadas.

La Comisión Europea ha dado un importante toque de atención a España por la situación en Doñana. ¿Qué piensa al respecto?
En este país tenemos dos parques nacionales que son humedales de importancia mundial: Doñana y Daimiel. Ambos están muy alterados por la contaminación, la extracción de aguas del acuífero y por vertidos de aguas residuales agrarias o municipales. Esto pone en muy mal lugar a la gestión que hacen nuestras confederaciones y los gobiernos. Doñana es el ejemplo paradigmático de lo que está pasando. Existe el Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) para reducir esta extracción abusiva, pero no se ha conseguido equilibrar esta situación. Sigue habiendo miles de pozos ilegales, tanto en La Mancha, como en Andalucía y en media España.


Miles de ánades en el Cerro de los Ánsares, una zona de dunas de Doñana (José Manuel Vidal/EFE).

¿Qué estrategias tienen para concienciar a la gente de la importancia de mejorar las condiciones de los humedales?
La primera es trabajar con los habitantes del entorno de estos humedales, con todos los municipios que tienen cierta influencia sobre estos humedales o que viven de ellos. El problema con frecuencia es que los vecinos no los ven de importancia para ellos. De hecho, muchos lo consideran el vertedero del pueblo. Hay que poner en valor estos recursos y explicar el valor ecoturístico que pueden tener, el valor de mejora del paisaje y de revalorización de propiedades. Todo esto cuesta. Trabajamos sobre todo con niños. Los niños son el futuro y es una forma de sensibilizar a los padres de manera indirecta muy interesante. Estamos dando clases en más de 50 municipios en Castilla-La Mancha y en Tierra de Campos, Valencia. Hemos llegado a tener en cada uno de los proyectos cerca de cinco mil alumnos.

¿Pueden convivir las actividades agrícolas y los humedales?
Sí, de hecho hay muchos casos paradigmáticos de beneficio económico de los humedales para poblaciones locales. La Albufera, por ejemplo, ha sido el motor de la comarca durante siglos. Se ha pescado, se ha obtenido el agua, la inundación temporal de los arrozales, etc. No se entendería la economía tradicional de Valencia sin la Albufera. El Mar Menor también ha sido un recurso importante en el caso de Murcia. La laguna en el Mar de Campos en Palencia, que podía llegar de dos mil a seis mil hectáreas de inundación según los años, cuando se secaba en verano generaba grandes pastizales frescos donde se ponían los caballos de la brava a pastar. Era un ciclo donde los animales eliminaban ese espeso de materia vegetal, limpiaban la cubeta y se volvía a inundar en otoño e invierno cuando volvía a llover. Por tanto, es posible compatibilizar los usos tradicionales con la conservación de los humedales y generar recursos económicos. El turismo de aves o el ecoturismo, son nuevos usos compatibles con la conservación de estos ecosistemas.

¿Es usted optimista con respecto a la situación en los humedales españoles que se están deteriorando?
En principio soy pesimista tal como está el proceso de recuperación, pero con diferencias notables. Se está trabajando bastante en algunos humedales y se ha conseguido mejorar la situación en muchos. Sin embargo en grandes humedales, como es el caso de Doñana, de la Albufera de Valencia o el Mar Menor que está absolutamente destruido, la situación va a ser muy difícil de revertir. Tengo sentimientos de un relativo optimismo en cuanto a los humedales más pequeños. Por otra parte, creo que España debería abordar la recuperación de los grandes mares interiores, de grandes lagunas que tuvo desde siempre y se desecaron a lo largo del siglo XX, como es el caso de la Lagoa de Antela en Ourense, el Mar de Campos en Palencia o la laguna de La Janda en Cádiz. Con muy pocas acciones como la compra de terrenos y el cierre de cuatro drenajes, se podrían conseguir inundaciones de entre dos y cuatro mil hectáreas.

Fuente y más información:
Diario 20minutos