Como cada año llega nuestra humilde nave espacial, la tierra al punto de encuentro con el polvo que deja cada 133 años en su orbita el Cometa Swift Tuttle, producto de las lagrimas del ajusticiado San Lorenzo en el siglo III D.C. según la leyenda (que podéis leer en este otro artículo que escribiría mi hermano sobre este epectáculo allá por 2010 , contando la experiencia de cuando cada año iba con nuestro padre a ver estas estrellas fugaces).

Y es que en el hemisferio norte  es una de las mejores oportunidades de ver estrellas fugaces debido a su frecuencia, pero también al clima que podemos disfrutar estos meses de verano, ideal para echarse al monte, montaña o cualquier lugar sin mucha contaminación lumínica.

Las Perseidas –también denominadas “lágrimas de San Lorenzo” por la proximidad de su máximo al 10 de agosto, día de la festividad del mártir español del mismo nombre-, son visibles desde todo el hemisferio norte en pleno verano. Por tanto, se pueden ver perfectamente desde España.

Las velocidades de estos meteoros pueden superar los 50 kilómetros por segundo y su tasa de actividad puede llegar a los 200 meteoros por hora. Aunque su momento de máxima actividad suele tener lugar en las noches del 11 al 13 de agosto, las Perseidas comienzan habitualmente a verse hacia el 17 de julio y terminan hacia el 24 de agosto.

No obstante, el número de meteoros observables por hora es muy variable. En un sitio bien oscuro y con el radiante alto sobre el horizonte puede superar el centenar. Sin embargo, el número de meteoros observados por hora puede variar muy rápidamente según varía la densidad de fragmentos en la estela del cometa.

¿Por qué se dan las lluvias de meteoros?

Los cometas, según describen sus órbitas alrededor del Sol, van arrojando al espacio un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanece en una órbita muy similar a la del cometa progenitor.

Cada cometa va formando así un anillo en el que se encuentran distribuidos numerosos fragmentos cometarios. Cuando la Tierra, en su movimiento en torno al Sol, encuentra uno de estos anillos, algunos de los fragmentos rocosos (meteoroides) son atrapados por su campo gravitatorio y caen a gran velocidad a través de la atmósfera formando una lluvia de meteoros.

La fricción con los gases atmosféricos calcinan y vaporizan los meteoros que aparecen brillantes durante una fracción de segundo formando lo que popularmente se denomina como estrellas fugaces. No se trata por tanto de una estrella sino de una partícula de polvo incandescente.

La altura a la que un meteoro se hace brillante depende de la velocidad de penetración en la atmósfera, pero suele estar en torno a los 100 kilómetros. Sin embargo, el alto brillo y la gran velocidad transversal de algunos meteoros ocasionan un efecto espectacular, causando la ilusión en el observador de que están muy próximos. Los meteoroides de masa menor al kilogramo se calcinan completamente en la atmósfera, pero los mayores y más densos (de consistencia rocosa o metálica), forman meteoritos: restos calcinados que caen sobre el suelo.

Cada año a principios de agosto la Tierra cruza la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un periodo de 133 años y que pasó cerca del Sol por última vez en 1992. Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.

¿Cómo ver las perseidas?

La correspondiente lluvia de meteoros parece tener un único centro de origen, un punto del que parecen surgir todas las estrellas fugaces. Ese punto se denomina ‘radiante’ y su localización se utiliza para nombrar a la lluvia de estrellas. Así pues, las Perseidas tienen su radiante en la constelación de Perseo.

Para poder ver esta popular ‘lluvia de estrellas’, basta cualquier lugar con tal de que proporcione un cielo oscuro. El OAN recuerda que es preferible observar desde un lugar que tenga pocos obstáculos para la vista (como edificios, árboles o montañas), y no utilizar instrumentos ópticos que limiten el campo de visión.

Unos Consejos finales:

1.-Es bueno huir de las zonas urbanas donde hay más luz… Se suelen aconsejar distanciarse unos kilómetros adentrándose en el monte o la sierra, pero si esto no fuera posible, encontrar un buen lugar algo resguardado de la luz y con una buena panorámica (un alto o un mirador, por ejemplo) puede beneficiar gratamente la observación.

2.- Hacia las 22h de la noche, en el hemisferio norte podemos encontrar la constelación de Perseo ubicada en el Noreste. Si iniciamos a esas horas la aproximación  a nuestra zona de observación podréis localizarla fácilmente.

3.-Muchas parecen cruzar de este a oeste o de norte a sur pasando por el oeste. Acostarse mirando hacia el Oeste o hacia el NorEste pueden ser buenas opciones, pero sobre todo el poder cubrir la mayor parte posible de la bóveda celeste.

4.- En general, especialmente si vais al monte, echaros algo de ropa de abrigo y avituallamiento (bebidas, picoteo, etc), lo necesitaréis.

5.-Hay aplicaciones como Skymap que pueden ayudaros a situar las constelaciones, que podéis usar inicialmente pero en general os aconsejamos apagar los móviles (el mirar a la pantalla del móvil os hará requerir tiempo extra para volver a acostumbrar al ojo a la oscuridad que pueden suponer hasta 30 minutos), o ponerlos en silencio…. Son unas noche geniales para disfrutar del cielo estrellado con amigos o en pareja, no las desaprovechéis!

Perseidas

 

Héctor Montoya

Codirector de Planeta Incógnito at Planeta Incógnito
Diseñador Gráfico y Web, Héctor y acostumbrado a la búsqueda de documentación le encantan los enigmas científicos como podréis leer en muchos de sus artículos así como en el programa de Radio
Héctor Montoya