El Camino Secreto – Jose Manuel García Bautista – 1er fascículo – Prólogo

El Camino Secreto

En el interior de un avión de Iberia cruzando el océano Atlántico.

22 de Octubre de 2009

Aún no se como comenzó la extraordinaria aventura que me iba a llevar a recorrer medio mundo, fue como una espiral irrefrenable de acontecimientos que me imbuyeron en una respuesta afirmativa a un proyecto irrechazable para todo amente del misterio.

El Camino Secreto - Jose Manuel García Bautista - 1er fascículo - Prólogo 1

El azar eligió un buen día a mi persona para conocer de cerca aquellos misterios con los que siempre había soñado, en un viaje tan secreto como iniciático, en un camino por descubrir…

Recuerdo como todo tuvo su origen en un correo electrónico que me dirigía el mecenas de toda esta aventura, Joaquín Yáñez, este industrial tenía algo que confiarme, algo importante que contarme pero no por el frío e-mail sino en persona. Tenía mucho que contarme y muy importante…

Recuerdo como nos citamos en una cafetería frente a la catedral de Sevilla, en diagonal al Archivo de Indias y como al llegar un hombre de mediana edad me reconoció al instante.

-Soy Joaquín Yáñez, usted es el señor García Bautista, ¿verdad?

-Si, efectivamente, ¿Qué tal? Encantado.

-Tome asiento, ¿desea tomar algo? , me invitó cortésmente.

-Una Coca-Cola sin Light, con todos sus avíos, por favor.

Aquel señor sonrió con mi petición  y rápidamente una camarero me sirvió aquel refresco cargado de cafeína.

-Y dígame Joaquín, ¿en que puedo ayudarle?, pregunté.

-He sabido de usted mediante una amiga de un familiar mío, de Marisa Azuara, creo que la conoce, ¿verdad?

-Si, es amiga mía. Compartimos afición histórica.

-Lo se –me respondió-, y es precisamente por eso por lo que le he citado aquí. Quizás no me crea…

Note cierto aire apesadumbrado en aquel señor y repuse:

-Si no me lo cuenta no lo sabremos nunca… Pero créame, estoy muy acostumbrado a lo insólito.

-Si, lo se, le conozco por los programas de televisión. Mire, de alguna forma mi familia está emparentada, o es descendiente, de los Pinzón, de los marinos que acompañaron a Cristóbal Colón en el Descubrimiento. Han pasado mucho años ya, mi padre siempre dijo tener una documentación importante sobre el Descubrimiento, sobre algo que le llenaba de pavor por que decía podría robar gloria a España… ¿Sabe?

-Sobre el Descubrimiento se ha hablado mucho, pero no veo que podría restar protagonismo a un hecho histórico no ya sólo para España sino en la Historia del Mundo.

-Mi padre siempre dijo que tenía cierta documentación de puño y letra de sus antepasados que podrían cambiar la Historia… Una documentación que hablaría que Cristóbal Colón tenia un conocimiento claro de hacía donde iba…

Reconozco que aquella información prestada por Joaquín me llenó de preguntas, era algo que se venía especulando desde hacía tiempo pero jamás se sentaron unas bases sólidas para demostrarlo.

-¿Y tiene esos documentos?, pregunté.

-Cuando mi padre falleció me quedaron en herencia muchas cosas, una fortuna, tierras, varias empresas y un cajón de madera con muchos documentos… Haciendo limpieza no hace demasiado tiempo aparecieron esos documentos y unas misteriosas cartas muy antiguas. Las mandé peritar y datan del siglo XV, firmadas por su antepasado.

Me interesa en extremo lo que usted sabe del Almirante, los datos más heterodoxos, la ortodoxia no cree en lo que tengo en mi poder pero usted posiblemente si.

He contactado con otros investigadores de lo heterodoxo, con otros investigadores del mundo de lo extraño, pero muchos sólo se han limitado a escuchar y poco más… Necesito a alguien que conozca como pocos a Cristóbal Colón, que se atreva a decir lo que piensa, aunque lo que piense vaya en contra de lo establecido y que esté dispuesto a seguir las pistas que va dejando el almirante por lejana o desviada que parezca… Y no se preocupe… El dinero no será un problema.

Apenas me atrevía ni a contestar, la contundencia eran tan exacta y cuidada que aquella propuesta no parecía tan descabellada.

-¿Trabaja usted imagino?, me preguntó.

-Si, trabajo, casi como cualquier español con mujer e hijo o con ganas de vivir independientemente.

-Bien, deje su trabajo, pida una excedencia. No se preocupe por nada. Le contrato hasta que dure esta investigación, un buen sueldo, sin problemas económicos mientras dure la investigación, una gratificación al finalizar y todos los gastos pagados… ¿Esta dispuesto a viajar?

Aquel “mare magnum” de cifras me mareaba, sobre todo por ser una decisión que debía tomar junto a mi familia.

-Su propuesta es ciertamente atractiva Joaquín, pero debo consultarlo a mi mujer y tengo que tener unas garantías… Entiéndame.

-Llámela, llámela y consúltelo.

-No, no es tipo de decisión que deba tomarse ni a la ligera, ni en caliente, ni por teléfono. Entiendo su impaciencia, déjeme 48 horas y le prometo una respuesta.

-Bien, dentro de dos días nos vemos aquí, a la misma hora.

Recuerdo que llegué a casa y pedí a mi mujer que me escuchara con atención por que aquella decisión podía cambiarnos la vida… Expliqué detalladamente la propuesta y Leo. Mi esposa, me contestó:

-Primero entérate de cuanto te piensa pagar, luego asegúrate el pago y ve si en “Caymasa”, tu empresa, te dan una excedencia. Si es así ¿por qué no? Estas harto de trabajar en una empresa mugrienta que sólo te da disgusto y tienes unos jefes que son unos incompetentes… ¿Qué tendrías que perder?

No se si fue el azar o no pero la respuesta llegaría antes de lo que pensaba…

Con el SI en mi cabeza llegó el tiempo acordado para pensarlo y nos volvimos a reunir en aquel mismo lugar. Joaquín estaba impaciente, notaba mientras caminaba hacía él como debía de llevar un rato esperándome, y sus paseos de un lado a otro denotaba su nerviosismo. Yo caminaba lentamente hacía él… Notó mi presencia iluminándose le la cara y me estrecho su mano:

-Creí que no llegaría usted, que me habría dado plantón…

-No es mi estilo Joaquín… Bien…

-Dígame…,¿se lo ha pensado ya?

-Si Joaquín, tengo ya una respuesta pero con condiciones.

-Dígame, dígame…

-Es una decisión difícil… Digamos que el trabajo en el Banco me ha dejado y a falta de otra alternativa mejor acepto la suya en los términos acordados. El salario casi triplica lo que ganaba en mi empresa por lo que acepto de buen grado, pero viendo lo que dejo atrás me permito pedirle un depósito en mi cuenta corriente como garantía de un pago final o que cubra un posible cese de pago.

-Me parece bien, ¿de cuanto estamos hablado?, me preguntó.

-Del equivalente a un año de trabajo.

-Conforme. Espere un momento que haga una llamada para ordenar la transferencia a su cuenta o a la que me diga.

Aquella disposición me dejó sorprendido y casi me vi embarcado en una aventura de la que no iba a poder salir.

-¿Tiene pasaporte José Manuel?

-Si, lo tengo. Bien, le hará falta…

-¿Habla algún idioma?

-Si, me manejo bastante bien en inglés, y en Italia no me perdería. Contesté.

-Bien, sólo le pido que resuelva en la próxima semana sus asuntos más inmediatos. Mañana verifique el ingreso en su cuenta. Si todo sale como debe no tendrá que devolverme ese dinero. Sólo le diré una cosa: siga cualquier pista que le conduzca a nuestro objetivo final, se lo repito, por descabellada que parezca. Yo estaré entre Sevilla, Madrid y Houston. Póngase en contacto conmigo en este correo electrónico y le atenderé de inmediato si tiene cualquier novedad o tiene algo que  comunicarme o pedirme. Recuerde: confío en usted. Mañana le llamará mi abogado para cerrar todo.

Y mientras que me dejaba perplejo se alejaba feliz y risueño.

No sabía por donde comenzar, la verdad, perola señal de mi móvil y de mi mujer era inequívoca: ingreso en el Banco. Leo me llamó sonriente, casi temblorosa y me dijo: “te han ingresado lo acordado… Nene, esto va en serio”. Y comenzó mi investigación.

Puse un correo a Marisa Azuara y comenté en que andaba metida, me dijo que en temas de Colón, casi como siempre, y contenta por el resultado de su trabajo y una colaboración con Canal Historia sobre ese preciso tema.

Llamaron al timbre de casa, era el chófer personal de Joaquín Yáñez que me traía una abundante información y comprendí el objeto de mi búsqueda: Cristóbal Colón y el Descubrimiento de América. Cualquier información era válida.

Y retomé el trabajo por el cual me había interesado por la figura del Almirante y que hizo, al fin y a la postre, que esta aventura me eligiera a mi como su protagonista…

Capítulo siguiente (primero)>>

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