Se cumplen 75 años del lanzamiento de la Bomba atómica sobre Hiroshima

Hoy se cumplen 75 años desde que un 6 de agosto de 1945, se lanzara la Bomba Atómica «Little Boy» por parte de los Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.

Apenas unos días después sería lanzada la bomba atómica «Big Fat» sobre Nagasaki, el 9 de Agosto de 1945.

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Comparación de un hombre con las dos bombas atómicas. Little Boy (pequeño chico) sería la bomba de la izquierda mientras que Fat Man, (hombre gordo) la de la derecha.
La Ilustración corresponde al libro Armas que conmovieron al Mundo 2 con magníficas ilustraciones de Vicente Segrelles, Enciclopedia Juvenil Auriga- Editorial Afha – 1981

La Little Boy estalló a unos 600 metros de altura sobre la ciudad de Hiroshima con una equivalencia a 16.000 toneladas de TNT creo una onda de calor de 300.000 grados centígrados y por supuesto un estallido de radiación gamma, además de una potente onda de choque.

Todo esto causo que los edificios de madera de la ciudad ardieran y la gente a kilometro y medio de la explosión murieran en el acto.

Los incendios que asolaron la ciudad crearon corrientes de convección del aire que causaron que elementos radiactivos llegaran a la atmósfera con la posterior lluvia radiactiva, la llamada lluvia negra, que se caracterizaba por ser un compuesto pegajoso que caería sobre las víctimas que huían de los incendios ocasionados en la zona ocasionando graves problemas de salud a corto y largo plazo.

100.000 personas murieron como consecuencia directa de la detonación atómica de Hiroshima en 1945, y al menos 10.000 más en los 2 años posteriores. Similares cifras nos encontramos con la detonación de la Fat Man en Nagasaki, pese a tener mayor potencia y detonarse a más baja altura.

Estas cifras, en realidad, tampoco eran nuevas en los bombardeos del frente aliado ya que por ejemplo en el bombardeo del 9 de Marzo, eso sí de mas de 3 horas, se causaría el mismo número de fallecidos.

Sin embargo la contundencia de las nuevas armas atómica causarían la rendición incondicional de Japón, el 15 de Agosto de 1945 (aunque la rendición se habría materializado el día anterior) marcando el final de la segunda guerra mundial. Estados Unidos seguía en aquel momento preparando nuevos ataques nucleares que se evitaron gracias a la rendición japonesa por parte del emperador Hiro-Hito.

Japón firmaria el acta de rendición el 2 de Septiembre de aquel año. 7 días después se rendirían formalmente las tropas japonesas en China.

Representantes japoneses a bordo del USS Missouri en la Rendición del Japón el 2 de septiembre de 1945. Wikimedia
Representantes japoneses a bordo del USS Missouri en la Rendición del Japón el 2 de septiembre de 1945. Wikimedia

«….el enemigo ha lanzado una nueva y cruel bomba, que ha matado a muchos ciudadanos inocentes y cuya capacidad de perjuicio es realmente incalculable.

Por eso, si continuamos esta situación la guerra al final no sólo supondrá la aniquilación de la nación japonesa, sino también la destrucción total de la propia civilización humana. Y si esto fuese así, ¿cómo podría proteger a mis súbditos, mis hijos, y cómo podría solicitar el perdón ante los sagrados espíritus de mis antepasados imperiales? Esta es la razón por la que he hecho al gobierno del Imperio aceptar la Declaración Conjunta de Potencias (rendición)».

Discurso del Emperador Hirohito. Retransmitido por radio el 15 de agosto de 1945, hizo publica la rendición de Japón tras haber sufrido el ataque de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Las Secuelas

Los supervivientes de las explosiones atómicas ademas de quedar huerfános, heridos o quedarse sin hogar sufrieron las consecuencias de la radiación durante décadas, pero además fueron objeto de una serie de rechazos sociales marcados por la creencia de que la radiación podía contagiarse o crear malformaciones (cosa que por ejemplo si causó otro arma estadounidense, el agente naranja usado en Vietnam).

Lo que si causaría son problemas de salud varios entre ellos un incremento notorio del Cáncer entre los que estuvieron expuestos a dosis altas de radiactividad, aunque en otro orden de cosas, las consecuencia de la radiación a largo plazo para el investigador Bertrand R. Jordan, se han podido exagerar como se pone de relevancia en su artículo en la revista Genetics https://www.genetics.org/content/203/4/1505

Sobre las malformaciones de las que se ha hablado que podían haber causado las radiaciones de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el investigador Bertrand R.Jordan concluye que hay una falta de evidencias notorias, y pueden porque no haberse debido, o desvirtuado gracias a leyendas urbanas que hayan circulado sobre los afectados a los que sabemos que «se penó» socialmente.

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Gráfico del Artículo de Bertrand R. Jordan, Número de cánceres sólidos observados hasta 1998 en los ciudadanos expuestos a la radiación;  la parte blanca indica el exceso de casos asociados con la radiación (comparación con el grupo no expuesto). 
Los datos son de Preston et al. (2007) .
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Vistas de los Hongos Radiactivos de Hiroshima y Nagasaki- Créditos Wikimedia.
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«Little Boy» el pequeño chico que se detonó sobre Hiroshima
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Fat Man- El Hombre Gordo que se hizo estallar sobre Nagasaki el 9 de Agosto de 1945

El ataque atómico de Hiroshima marca una fecha en el calendario que conviene recordar para ser conscientes de lo que aconteció en nuestra historia hace no tanto tiempo e intentar no repetir esos momento

Los retos, adversidades y peligros a los que nos podemos enfrentar a día de hoy en el futuro, gracias entre otras cosas al Tratado de No proliferación, distan mucho de ese terror nuclear que se pudo vivir en ciertas épocas, si bien pueden ser incluso más aterradores por lo que la tecnología permite hoy en día, y hay que recordar que los ataques con armas nucleares siguen siendo un peligro potencial pese al notable descenso en las últimas décadas de cabezas nucleares desplegadas.

En 2010, el tratado New START o START-III firmado entre Rusia y Estados Unidos (evolución de los programas-tratado START 1-2) comprometía a reducir el número de cabezas nucleares a 1550 cabezas activas por país.

Héctor Montoya
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